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Milei cambia el foco: de la estabilización al crecimiento y la inversión

  • Foto del escritor: Lizarraga Kevin N.
    Lizarraga Kevin N.
  • hace 2 minutos
  • 4 min de lectura
Milei ajusta su plan económico: menos restricción monetaria, más crédito e inversión. Claves del nuevo escenario argentino para 2026.

El Gobierno de Javier Milei comenzó a introducir ajustes en su programa económico. Después de casi tres años en los que la prioridad fue reducir la inflación, eliminar el déficit fiscal y controlar la cantidad de pesos en circulación, el equipo económico enfrenta ahora un problema diferente: cómo reactivar el crédito, la inversión y el consumo sin desarmar la estabilidad conseguida.


El cambio no implica abandonar el programa de estabilización. Más bien representa una transición hacia una segunda etapa, en la que el Gobierno busca que el equilibrio fiscal y la menor inflación se conviertan en crecimiento económico sostenible.


Una política monetaria menos contractiva

El principal cambio señalado recientemente es monetario.


Según Bloomberg Línea, la base monetaria aumentó un promedio de 5,4% en julio frente a junio, más del doble de la inflación mensual esperada para ese período. Además, el Tesoro transfirió $3,8 billones a bancos comerciales después de una licitación de deuda, con el objetivo de evitar un salto de las tasas de corto plazo.


La medida representa un cambio respecto de la estrategia inicial de Milei, basada en una fuerte restricción monetaria y en evitar que el aumento de la cantidad de pesos volviera a alimentar la inflación.


El presidente del BCRA, Santiago Bausili, justificó el giro señalando que existen condiciones para avanzar hacia una "remonetización" de la economía debido a una mayor demanda de pesos por parte de hogares y empresas.


Para los inversores, el punto central es el equilibrio entre liquidez y demanda de dinero. Si la economía absorbe los nuevos pesos mediante mayor crédito y actividad, el efecto puede ser expansivo. Si la demanda de pesos no acompaña, el excedente puede terminar presionando sobre el dólar y los precios.


Ese es uno de los principales riesgos que comienza a monitorear el mercado.


El dólar ya no es el mismo ancla

El Gobierno también parece aceptar una mayor flexibilidad cambiaria.

Bloomberg Línea señaló que el peso se depreció 9,1% frente al dólar desde mediados de abril, después de haber quedado rezagado frente a la inflación durante buena parte de la gestión de Milei.


El objetivo parece ser evitar que una política cambiaria excesivamente rígida termine generando un atraso del tipo de cambio que perjudique al sector exportador y reduzca el incentivo a acumular reservas.


La estrategia adquiere especial relevancia porque el BCRA ya logró una acumulación significativa de divisas. Hasta el 31 de julio había comprado US$13.337 millones en el mercado de cambios durante 2026, superando la meta de referencia de US$10.000 millones establecida para todo el año en el programa con el FMI.


Las reservas internacionales, por su parte, alcanzaban aproximadamente US$48.834 millones al 6 de agosto.


Esto modifica parcialmente la ecuación: el Gobierno tiene ahora mayor margen para permitir movimientos del tipo de cambio sin que necesariamente implique una crisis cambiaria.


La inflación sigue siendo el principal test

La desinflación continúa siendo uno de los mayores logros del programa.

El IPC nacional registró una variación de 1,9% en junio y acumuló 16,8% durante el primer semestre, mientras que la inflación interanual se ubicó en 33,5%.


Para julio, las principales consultoras esperaban un dato cercano al 2%. Analytica proyectaba 1,9%, EconViews 2%, EcoGo 2,1% y Fundación Libertad y Progreso 2,1%, mientras que el REM del BCRA también ubicaba la estimación en torno al 2%.


El dato es relevante porque el Gobierno necesita demostrar que puede flexibilizar las condiciones monetarias sin provocar un nuevo ciclo inflacionario.


El antecedente porteño obliga a mantener cautela: la inflación de la Ciudad de Buenos Aires alcanzó 2,9% en julio, impulsada principalmente por restaurantes y hoteles, vivienda, transporte y alimentos.


Por eso, para los mercados, el éxito de esta nueva etapa no dependerá únicamente de cuánto crezca la economía, sino de si puede hacerlo sin volver a acelerar significativamente la inflación.


Crédito: el próximo gran objetivo

Uno de los cambios más relevantes es el intento de recuperar el crédito.

El Gobierno está analizando flexibilizar el acceso de empresas a préstamos denominados en dólares. Caputo explicó que la intención es canalizar hacia el sistema financiero los dólares que actualmente permanecen fuera de los bancos y utilizarlos para financiar proyectos productivos. La propuesta, por ahora, apunta a empresas y no a personas físicas.


La lógica económica es clara: Argentina posee un importante stock de ahorro privado en dólares, pero una parte significativa permanece fuera del sistema financiero.

Si el Gobierno consigue transformar una parte de ese ahorro en crédito para empresas, podría producirse un efecto multiplicador sobre inversión, construcción, energía e infraestructura.


Para el mercado financiero, esto también puede significar una expansión del negocio bancario y una mayor profundidad del mercado de capitales.


RIGI: el Gobierno busca convertir estabilidad en inversión

El otro gran componente de esta segunda etapa es la inversión privada.

Luis Caputo anticipó esta semana que el Gobierno espera anunciar nuevos proyectos bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) por hasta US$50.000 millones.


El RIGI busca ofrecer un marco de incentivos fiscales, aduaneros y cambiarios para proyectos de gran escala.


La magnitud potencial de los proyectos es particularmente relevante para sectores como energía, minería, petróleo, gas, infraestructura y exportaciones.

El propio Gobierno sostiene que el régimen ya cuenta con numerosas iniciativas y que los proyectos de mayor tamaño podrían ampliar significativamente el flujo de capital hacia Argentina.


Para un inversor, sin embargo, hay una diferencia importante entre proyectos anunciados y capital efectivamente desembolsado. El verdadero impacto sobre la economía deberá medirse por la ejecución de las inversiones, el aumento de la capacidad productiva y, posteriormente, por las exportaciones y la generación de divisas.


La actividad muestra una recuperación desigual

Los indicadores de actividad también muestran por qué el Gobierno necesita modificar parcialmente su estrategia.


La industria manufacturera registró en junio una suba interanual de 2% y un incremento desestacionalizado de 0,9% mensual. La construcción también creció 4% interanual en junio y acumuló una expansión de 2,8% durante el primer semestre. Sin embargo, la serie desestacionalizada cayó 4,1% frente a mayo, lo que muestra que la recuperación todavía no es uniforme.


El problema aparece con mayor claridad en el mercado laboral y el consumo. Bloomberg Línea señaló que la economía perdió alrededor de 28.000 puestos de trabajo privados y que el crédito y el gasto de los consumidores continúan débiles.


Argentina, por lo tanto, presenta una combinación particular: estabilidad macroeconómica creciente, pero una recuperación todavía incompleta de la economía real.


Fuentes: Bloomberg Línea – Milei alivia su ajuste monetario · BCRA – Política monetaria e indicadores · INDEC – estadísticas económicas · Boletín Oficial – normativa del RIGI.

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